(Articulo aparecido en nuestro boletín de febrero 2004)

Atenea y la Paz, Apolo y el Laurel

Joseph McBride and Pigs
Atenas

Desde el comienzo de la civilización, cada pueblo ha intentado dar una explicación del mundo que lo rodea, a través de mitos y leyendas. Así, además de transmitir los valores de la sociedad, algunas de las palabras que han llegado al idioma que hablamos actualmente tienen un origen fabuloso, a menudo como agradecimiento a los dioses.

Para el mundo occidental, la mitología griega es la que más ha influido en el origen de su cultura y constituye una parte importante de nuestro acerbo.

Estos días se ha visto en los noticieros de la televisión la salida de la antorcha olímpica de la tierra helénica y hemos asistido al comienzo de su recorrido por el mundo que culminará en agosto, con la celebración de los Juegos Olímpicos. Guste o no el deporte, los medios de comunicación nos van a recordar incesantemente que estos juegos se van a realizar en Atenas.

Precisamente, ¿por qué la capital griega se llama Atenas? Sí, claro, en honor de la diosa Atenea. Pero, ¿por qué?

Pues resulta que allá en la época de los dioses del Olimpo, el gran arquitecto Crecops construyó una hermosa ciudad en el centro del Ática y, enseguida, dos dioses se disputaron su protección: Atenea y Poseidón. Para saber quién iba a ganar, debieron someterse al juicio de los demás dioses, ofreciendo cada uno algo que favoreciera el desarrollo de la ciudad.

Poseidón (Neptuno para los romanos), dios del Mar, golpeó el suelo con su tridente haciendo brotar una caballo que representaba LA GUERRA. Por el contrario, Atenea (Minerva) hizo aparecer un olivo, como símbolo de LA PAZ. Los dioses, considerando que la ofrenda de la diosa era más necesaria para una ciudad, le dieron su nombre a ATENAS.

En Atenas, ciudad de la paz, se realizarán pues los próximos juegos Olímpicos, a imagen de aquellos primeros juegos que servían de paréntesis entre las guerras y donde los atletas eran galardonados con una CORONA DE LAUREL.

¿Por qué de laurel?

Apolo, dios de la Música y de la Poesía, estando un día de caza, divisó a una joven de extraordinaria hermosura, llamada Dafne (en griego, laurel), hija del dios-río Peneo. Era una ninfa cazadora consagrada a Artemisa (Diana para los romanos), que rechazaba cualquier tipo de amor masculino y, por lo tanto, no quería casarse. La visión de aquella hermosa joven conmovió el corazón del dios.

Y es que Apolo, después de vencer a la serpiente Pitón, se enorgullecía enormemente de su hazaña y empezó a pavonearse entre los dioses, especialmente ante Eros, dios del Amor. Para darle una lección, Eros disparó una flecha de punta dorada, que infundía amor, contra Apolo y otra de punta de plomo, que infundía desdén, contra Dafne, sabiendo que lo rechazaría sin piedad.

Herido de amor, Apolo se lanzó en persecución de la ninfa, pero al tratar de acercarse, Dafne huyó presurosa. Después de mucho correr, llegó un momento en que, desfallecida de cansancio, la joven pidió ayuda a su padre quien, en el momento en que Apolo lograba abrazarla, hizo que se transformara en árbol.

Apolo se refugió entonces bajo el gran laurel en que se había convertido la ninfa y lo adoptó como símbolo suyo. Cortando algunas ramas se hizo una corona y decidió que, desde entonces, sus hojas serían el adorno de valientes guerreros así como de los mejores atletas, poetas y cantores.

Inspirado en este tema, el italiano Bernini terminó, en 1625, una famosa escultura que representa el momento preciso en que la ninfa se transforma en laurel, a punto de ser atrapada por Apolo. En esta célebre obra, “Apolo y Dafne”, se aprecia el rostro perplejo de Apolo en contraste con el grito de dolor de Dafne convirtiéndose en árbol, lo que para algunos fue considerado entonces como el premio a la virtud y a la virginidad.

En fin, ATENEO era el templo consagrado a Atenea donde los poetas y oradores leían sus obras en Atenas. En español, ese nombre designa hoy una asociación cultural, generalmente científica o literaria.

APOLÍNEO es lo relativo a Apolo, y sirve para designar a un hombre apuesto, bello, mientras que APOLOGÍA es la defensa o alabanza de alguien o algo. De la leyenda de Apolo y Dafne heredamos en nuestro idioma LAUREAR, coronar con laurel a alguien que ha triunfado, que es el LAUREADO, mientras que la corona es la LAUREOLA.

Juan Carlos Moreno