La mitología griega en los orígenes de la medicina

 

Juan Carlos Moreno, Ph. D.

 

Desde que el ser humano comienza a pensar surgen los mitos: explicaciones imaginarias sobre temas que no tienen otra explicación.
La imaginación de los primitivos griegos no fue diferente a la de los demás pueblos. Desde el siglo XII a.C. fueron alcanzando un grado de civilización que los llevó a crear historias y explicaciones para todo.
La civilización griega abarcó unos diez siglos. La cultura griega Antigua,  desde el siglo XII hasta el V a. de C. Seguida de la cultura Clásica desde el siglo V, el llamado siglo de Pericles, hasta el I a.C.
Loa griegos mejoraron culturas más antiguas con su ingenio incomparable, sentando así las bases del pensamiento de la civilización occidental.

Nos vamos a referir a la Grecia Antigua, anterior al s.V, donde la medicina tenía una sólida base mágico-religiosa, como nos ilustran los poemas épicos de la Ilíada y la Odisea, del siglo XI a.C.
En ambos relatos los dioses conviven con los humanos, compiten con ellos en el amor y pelean en las guerras.
Tienen cuerpos humanos, pero son más fuertes, más hermosos y no sufren la vejez ni la muerte, son inmortales. 
No se caracterizan por ser imparciales ni justos, y lanzan su cólera contra los mortales que los ofenden. Por eso inspiran temor y respeto.
El famoso juramento de Hipócrates, médico del siglo V a.C., comienza así:
“Juro por Apolo el Médico, y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido.”
El primero que se nombra es el médico Apolo, uno de los  multifacéticos dioses olímpicos. Hijo de Zeus, se lo reconocía como dios de la luz y el sol; la medicina y la curación; la música y la poesía. Apolo: de cuerpo bello y bien formado.
Fue el primer dios de la medicina.
Entre las características de su personalidad: la conquista de mujeres bellas.
Estando un día de caza, Apolo divisó a una joven de extraordinaria hermosura, llamada Dafne.
Herido de amor, Apolo se lanzó en persecución de la ninfa, pero Dafne, que era una virgen consagrada, huyó presurosa y en el momento en que Apolo lograba abrazarla se transformó en árbol.
Apolo adoptó entonces el árbol dafne-laurel como símbolo y decidió que sus hojas formaran una corona de adorno para los mejores guerreros, atletas, poetas y cantores.
Inspirado en este tema, el italiano Bernini  realizó, en 1625, una escultura que representa el momento preciso en que la ninfa se transforma en árbol.
Pero no sólo de mujeres se enamoraba Apolo.
Jacinto, príncipe espartano hermoso y atlético, fue uno de sus amantes. Estaban practicando, cuando un disco lanzado por Apolo fue desviado de su trayectoria por el celoso Céfiro y golpeó a Jacinto en la cabeza, matándole al instante.
De la sangre de Jacinto, Apolo creó una planta liliácea de flores acampanadas, mientras que a Céfiro lo convirtió en un viento cálido del Mediterráneo.
El hijo más famoso de Apolo fue Asclepíades, Asclepio, Esculapio para los romanos.
Un día Apolo sorprendió bañándose a Coronis, una virgen bella pero mortal. Se enamoró y la conquistó. Pero cuando Coronis estaba ya embarazada,  su padre le exigió que cumpliera su palabra de matrimonio con su primo Isquión.
Un cuervo, que entonces era blanco, advirtió a Apolo de esa relación, pero no lo creyó y maldijo a todos los cuervos, haciendo que fueran negros por divulgar mentiras.
Pero la noticia se confirmó. Entonces Apolo mató a Coronis y a toda su familia. A los cuervos, a modo de compensación,  los hizo sagrados y les otorgó la tarea de anunciar las muertes importantes.
Al contemplar el cadáver de su amante Coronis, Apolo sintió pena por su hijo, aún no nacido, y procedió a extraerlo del vientre de su madre muerta,  por medio de una operación cesárea.
La palabra proviene del verbo latino caedere (cortar, efectuar una cisura): la frase «a matre caesus» («cortado de su madre») se usaba en Roma para describir la operación en una mujer embarazada moribunda, con el fin de salvar al bebé. La ley se llamó lex caesarea.
En principio, el nombre de  César no está relacionado con la operación, pero una etimología popular muy temprana inventó la historia del nacimiento del emperador Julio César por este procedimiento.
Así nació Esculapio. Su padre lo llevó con el centauro Quirón, quien era sabio en las artes de la magia y la medicina, para que se encargara de su educación.
Esculapio aprendió todo de Quirón y se fue a ejercer sus artes por las ciudades griegas, con tal éxito que su fama como médico se extendió por todos lados.
La leyenda señala que Apolo abdicó entonces de su papel como dios de la medicina a favor de su hijo. Más tarde, Esculapio, víctima de hubris, empezó a abusar de sus poderes reviviendo muertos.
Hubris es un orgullo o confianza exagerada en uno mismo. Es querer más de la parte que le es asignada a cada uno en la Moira o el destino. Lo contrario es la mesura.
Plutón, rey del Hades, se quejó ante Zeus de que se estaba despoblando su reino, pues nadie llegaba a los infiernos, por lo que el rey del Olimpo destruyó a Esculapio con un rayo.
Apolo al ver a su hijo muerto, mató a su vez a los Cíclopes, que eran los forjadores del rayo.
Se propagó enseguida la fama de Esculapio, como médico divino, dios salvador (soter) que alejaba los peligros en caso de enfermedades.
La imagen de Esculapio, en los santuarios, era la de un hombre fuerte y robusto, en la plenitud de la vida. Su rostro con barba abundante y rizada, y su cabellera larga y ensortijada. Su cara es de finas y correctas facciones, muy similar a la de Zeus, pero con expresión de benevolencia y simpatía.
La religión griega concibió, al lado de Esculapio, otras divinidades secundarias que formaban parte de la familia del dios.
Su hija Higieia, la diosa sonriente de los ojos brillantes. De su nombre viene hygiés, sano. Y en español, higiene que son las medidas para conservar la salud y prevenir enfermedades.
Otra hija era Panakieia, de pan (todo) y akos (remedio).  Panacea, la que lo cura todo. Siguiendo a esta diosa, los alquimistas buscaron, en la Edad Media,  la Panacea  Universal que pudiera curar todas las enfermedades. Hoy en castellano la palabra designa el medicamento o remedio para cualquier enfermedad.
Y el varón Telesphoros, pequeña divinidad representada por la figura de un niño que es la convalecencia, el enfermo que comienza a reponerse.
En honor de Esculapio se erigieron templos, adonde acudían enfermos desde muy lejos con la esperanza de ser curados.
Los templos tenían tres terrazas:
En la más baja había numerosos pozos donde se realizaban los rituales.
La terraza central los peregrinos ofrecían sacrificios al dios. Allí estaba el tesauro donde los enfermos dejaban una donación.
En la terraza más alta, rodeada de salones columnarios, se llevaba a cabo el sueño terapéutico.
Existe un relato del poeta ático Aristófanes (siglo IV a.C.):
“Al anochecer los enfermos se acuestan en las  camas de reposo (kliné) situadas en los cuartos destinados al sueño terapéutico (incubación).  Los siervos del templo (los terapeutas) apagaban la luz y pedían silencio. Un sacerdote recoge el pan de oblación de los altares. Después aparece el dios escoltado por sus dos hijas (Higieia y Panakieia) y un esclavo. Van de cama en cama para examinar a los enfermos, mezclando ungüentos y jarabes.”
Las camas se denominaban klinés, que viene de klino (inclinar y clinare) y de ahí klinikós (el que visita al que está en cama), de donde procede clínica, así como inclinar, reclinar y otras.
Muchos enfermos dejaban relatos de curaciones milagrosas grabados en planchas de mármol. Algunos aún se conservan. Fueron los predecesores de los exvotos.
 Las multitudes acudían a los templos buscando curación.
Pero estos lugares se asemejaban más centros de peregrinación. Es decir, más a Fátima o Lourdes que a una Clínica Mayo.
Relacionados con Esculapio, sobreviven símbolos que han ocupado un lugar relevante en la historia de la medicina, entre ellos el centauro Quirón, instructor y maestro de Esculapio y de su padre Apolo.
Otro símbolo es el caduceo.
En realidad hay dos varas que se han confundido muchas veces, el caduceo de Mercurio y el bordón de Esculapio. Tienen de común una vara como centro, considerada como instrumento de autoridad, símbolo fálico o árbol  de la vida, y después la serpiente.
Admirada y temida, adorada y destruida desde los tiempos prehistóricos, la serpiente, capaz de andar sin patas, despojarse de su piel y de renacer cada primavera, fue objeto de fábulas y leyendas, y siempre estuvo relacionada con la medicina.
En la Biblia la serpiente fue considerada un símbolo del mal:
Y es castigada. “Entonces dijo el Señor a la serpiente: Maldita seas entre todos los ganados y entre todas las bestias salvajes. Marcharás sobre tu vientre y comerás el polvo todos los días de tu vida.” (Génesis 3:4)
En el relato bíblico hay otro simbolismo con Moisés.
Ante las quejas del pueblo, Iahvé dijo a Moisés que pusiera una serpiente de bronce en un asta.
El que la mirara sanaría. (Números 21, 6-9).

Además del judío, otros pueblos la adoraron.
Los indios americanos a la serpiente de cascabel, los asiáticos a la cobra y los africanos al pitón. El dios azteca Quetzalcoalt, o serpiente emplumada, era una combinación del pájaro quetzal y la serpiente de cascabel
Por influencia de la mitología griega, la serpiente se convirtió en el motivo principal de los símbolos de Farmacia y Medicina. Fue el más potente emblema contra la enfermedad, aunque sólo sea por la similitud entre deshacerse de una enfermedad como la serpiente de su piel.
Además, se extrae veneno de las serpientes para crear antídotos, y se ha utilizado también en tratamientos anticoagulantes y relajantes. Quiere decir, entonces, que no andaba tan errado Esculapio al utilizar la serpiente.
Ha habido cierta confusión entre el caduceo de Hermes (Mercurio) y el bordón de Esculapio.
El caduceo consiste en dos serpientes enrolladas y enfrentadas entre sí a lo largo de una vara, con dos alas en la parte superior.
Es el símbolo de Mercurio, el mensajero de los dioses y dios del comercio.
El bordón de Esculapio con una sola serpiente enrollada, la cabeza hacia arriba, apareció en tiempos de Homero y fue usado por Esculapio, quien al efectuar las curaciones iba seguido de una serpiente.
En 1902 el bordón fue aceptado oficialmente como símbolo del cuerpo médico del Ejército de Estados Unidos y empezó a expandirse internacionalmente.
La OMS y la Asociación Americana de la Salud son organismos oficiales que utilizan en su símbolo la vara de Esculapio.  
 Frente a los dioses de la salud de la mitología griega, estaban los malos.
Nix, la diosa Noche, y sus hijos Hipnos (dios Sueño) y Tánatos (dios Muerte):las deidades más perversas del mundo griego.
Tánatos era una criatura de una oscuridad escalofriante. Homero le hacía gemelo de Hipnos, insinuando que ambos hermanos discutían cada noche quién se llevaría a cada persona. Los dos eran famosos por la rapidez de sus actos.
En la teoría psicoanalítica, Tánatos es la pulsión de muerte, que se opone a Eros, la pulsión de vida. La «pulsión de muerte» fue identificada por Sigmund Freud, como un deseo de abandonar la lucha por la vida y volver a la quiescencia y la tumba.
De Tánatos heredamos en español tanatorio, edifico donde son depositados los cadáveres antes de la inhumación o cremación y tanatología (estudios científicos sobre la muerte).
El hermano de Tánatos era Hipnos, el Sueño.  Habitaba en un palacio dentro de una gran cueva, adonde no llegaba nunca el sol ni tampoco el canto del gallo que despertaba al resto del mundo.
Vivía siempre sumergido en la tranquilidad, la paz, y el silencio, como corresponde a un buen sueño.
Para facilitar su tarea, cerca del castillo pasaba Leteo, el río del olvido (de ahí viene letal, mortífero). A sus orillas crecían amapolas y otras plantas narcóticas que ayudaban, junto con el suave murmullo de las aguas del río, a atrapar el sueño y mantenerlo.
De hipnos tenemos: desde hipnotizar e hipnótico hasta hipnograma (degradación de los niveles del sueño) e hipnogógico (adormecimiento que precede al sueño).
Hipnos engendró mil hijos, los Oniros (de ahí onírico: relativo a los sueños). El principal era Morfeo. Se lo representaba con alas que batía rápida y silenciosamente, permitiéndole ir veloz a cualquier rincón de la Tierra.
Cuidaba que nadie despertara a su padre Hipnos y se encargaba de construir los sueños de cada persona que duerme, adaptando una apariencia humana ante ellos, especialmente bajo la forma de los seres queridos (de ahí morfeo, forma o apariencia engañosa).
Cuenta Homero que Morfeo se centraba en los elementos humanos mientras que sus hermanos, Fobetor y Fantaso, eran responsables de los animales y objetos inanimados que aparecían en los sueños.  Fantaso dio en latín phantasía: imaginación creadora sin fundamento real.
Se representa a Morfeo con una dormidera en la mano, planta de propiedades sedantes, de la que se obtiene la heroína, codeína y morfina.
Este alcaloide sólido fue aislado del opio en 1806 por el químico alemán Friedrich Wilhelm Sertürner, quien escogió para esta droga el nombre de morfina, inspirándose en el dios Morfeo.
También se utiliza la expresión “en brazos de Morfeo” como sinónimo de soñar, y por extensión, dormir.  
Otro dios menor de la mitología griega, es Fobo, el dios del miedo, el terror, el pánico.
De él proviene fobia, temor irracional, obsesivo y angustioso de  objetos o situaciones. A veces se une a otros términos para designar diversos miedos injustificados como claustrofobia.
Hasta aquí la parte mitológica de la medicina griega. Todo cambió en el siglo V a. de C. con Hipócrates. Los historiadores aceptan que existió realmente, que nació hacia el año 460 a. C. en Kos y que era un famoso médico y profesor de medicina.
Padre indiscutido de la medicina moderna, su mérito fundamental fue el de desarrollar un sistema racional basado en la observación y la experiencia para el estudio de las enfermedades, cuyas causas atribuía a fenómenos naturales y no a intervenciones de los dioses o a fenómenos de tipo mágico-religioso. Ese fue el gran cambio que marcó el inicio de la medicina tal como la conocemos hoy día.
Dejó una obra de 70 escritos que fueron recogidos por sus discípulos en el Corpus hippocráticum.
Entre ellos el Juramento hipocrático: una declaración de carácter ético profesional, cuya enunciación, al principio de la carrera del médico, empezó a extenderse en el siglo XIX. 
Un juramento que señala, entre otras cosas que, el médico debe tener un carácter honesto, calmado, comprensivo y serio.
¡Que así sea!