La intensa vida breve de Federico García Lorca
                                     
                                                                                                 Juan Carlos Moreno, Ph.D.

 

La vida de Federico García Lorca estuvo enmarcada entre dos guerras trascendentales para España: la guerra de Cuba de 1898, año en que España perdió sus últimas tres colonias: Cuba, Filipinas y Puerto Rico, y la guerra civil española de 1936.


El 5 de junio de 1898, nacía el poeta en el pueblo granadino de Fuente Vaqueros. Sus padres lo  bautizaron con el nombre de Federico del Sagrado Corazón de Jesús. La madre, Vicenta Lorca, original de Murcia, había llegado como maestra de la escuela del pueblo. El padre, Federico García había quedado viudo después de 14 años de matrimonio con Matilde Palacios, con quien no había podido tener hijos pero que le dejó una herencia que le permitió mejorar su situación económica y la de sus ocho hermanos.


Como suele suceder en la vida de los genios, desde su nacimiento Lorca vivió situaciones insospechadas  y conoció a personas extraordinarias que irían marcando la trayectoria de su vida.  De salud frágil, Federico nació con los pies planos y la pierna izquierda ligeramente más corta que la derecha. Pero no se acomplejó.   Mientras los demás niños corrían y saltaban por las calles de Fuente Vaqueros, él organizaba recitales de poesía y de canciones populares, y contaba historias en el ático de su casa.


Lorca vivió una infancia feliz y mantuvo siempre una fascinación por el mundo infantil. Como sus 8 tíos vivían en el pueblo, tenía más de 40 primos a quienes entretener.   Uno de sus juegos favoritos era la celebración de una misa en la parte trasera de la casa, donde había una tapia baja. Todos debían asistir. La única condición que les pedía era que tenían que llorar durante el sermón que él les predicaba.


En 1906,  cambia este juego por las marionetas, después  de que asistiera por primera vez a un teatrito con muñecos en la plaza del pueblo.  Obsesionado por ese mágico mundo, se dedicó a organizar espectáculos de muñecos, lo que marcaría el germen de su vocación teatral.


 Pero no sólo de teatro se alimentó el niño.  Como en la numerosa familia todos tenían afición por la música,  la madre instó a Federico a que aprendiera  a tocar el piano.   En el verano de 1909  la familia se mudó a Granada para asegurar la educación de los hijos. Allí encontró en Antonio Segura el maestro que necesitaba para sus lecciones de piano.   Tal era el talento de Federico que el maestro empezó a insistir a la familia, desde 1914,  en que tenían enviar al muchacho a París para que desarrollara su vocación musical.  Pero el maestro murió al terminar las clases en 1916 y el padre se negó rotundamente a que su hijo se marchara a París.


Federico García Lorca era homosexual, aunque temía ser tomado por marica. No quería ser ridiculizado y abogaba por un tipo de homosexualidad  sin amaneramiento.    Según Ian Gibson, hispanista irlandés nacionalizado español en 1984 y uno de los que más ha investigado sobre la vida y muerte del poeta,   el descubrir que era sexualmente diferente  fue algo terrible para Lorca y se refleja en los textos y cartas escritos en su juventud.   Decía que admiraba  profundamente a Jesús pero odiaba al Dios cristiano, el de las prohibiciones y los castigos, y detestaba al clero de la Iglesia católica por sus anatemas, en especial contra los homosexuales. Federico sintió varios grandes amores y sufrió mucho, sentimentalmente, durante su vida.


Ya en Granada, durante  el verano, Martín Domínguez Berrueta,  profesor de la Universidad,  adonde ingresó Lorca para estudiar Letras y Derecho, organizó con sus alumnos un viaje artístico-literario por algunos pueblos de España. Fue en junio, dos semanas después de la muerte del maestro de piano.   Una de las primeras paradas fue en Baeza, donde estaba Antonio Machado,  enseñando francés en el Instituto del pueblo, quien los deleitó recitando versos y leyendo trozos de sus libros. Este breve primer contacto con Machado y el hecho de que su padre se negara a enviarlo a París influyeron decisivamente en un cambio de dirección de Federico.


En ese mismo viaje nació también el germen de su vocación pictórica. En Córdoba visitaron una exposición sobre Juan de Valdés Leal, el pintor barroco del siglo XVII obsesionado por  la muerte, cuya obra Finis Gloriae Mundi  muestra a un obispo con el cuerpo lleno de gusanos en estado de putrefacción. Esa visión lo dejaría marcado para siempre y la muerte sería también para Lorca una obsesión constante en toda su obra.


Este y otros dos viajes por España con el mismo profesor le dieron el material para su primer libro, financiado por sus padres,  Impresiones y paisajes, publicado en 1918,  época en la que Federico había definido ya su dirección creativa.


 En el verano de 1919, Lorca conoció al pianista y compositor Manuel de Falla, quien acababa de mudarse a Granada, y surgió una amistad que duró hasta la muerte del poeta, además de una colaboración artística que sirvió para organizar  el Primer Festival del Cante Jondo, en 1922. Don Manuel le ofreció lecciones de piano y Lorca se dedicó a estudiar profundamente las raíces del canto y de la vida de los gitanos.


Dos de sus obras maestras nacieron a partir de este encuentro: Poema del cante jondo y, sobre todo, Romancero gitano, libro que lo lanzaría de inmediato a la fama internacional. De este encuentro con Falla surgió también la vuelta de Federico a las marionetas, pues don Manuel creía fervientemente en el teatro de guiñol.


Terminados sus estudios de bachillerato y para satisfacer al padre, Federico se trasladó a la Residencia de Estudiantes de Madrid, creada por la Institución Libre de Enseñanza, en donde convivió y trabaría íntima amistad con personas que originaron la renovación cultural española. La amistad con Dalí, sobre todo, marcaría profundamente a Lorca.


Aprovechando que su nuevo amigo había sido invitado a leer su obra en el Ateneo de Barcelona, Dalí invitó a Federico a pasar la Semana Santa con su familia en Cadaqués, en la provincia catalana de Gerona.   Federico fue conquistado de lleno por el genio de Dalí  y su familia quedó totalmente hipnotizada por el genio de Federico, sobre todo la hermana, Ana María, con quien mantuvo también una larga amistad.


En el ensayo “Lorca-Dalí: el amor que no pudo ser”,  Ian Gibson hace una lectura freudiana de la infancia de ambos artistas, en clave de una homosexualidad trágicamente asumida por Lorca y decididamente rechazada por Dalí.   Quizás lo más interesante de esta biografía de una amistad, es el estudio que hace de las influencias recíprocas.


 La “Oda a Salvador Dalí” representa el punto culminante de la amistad y del enamoramiento, así como la obra de teatro “El público” testimonia la angustia del poeta por el distanciamiento del pintor,   mientras que Dalí aprendió mucho del mundo poético de Lorca y se inspiró en el poeta para su San Sebastián y otros cuadros.


Después de unos años de intensa amistad, en 1929 Dalí se instala en París y Lorca viaja a Nueva York y sus caminos se separan. Se encontrarían después, pero para entonces Dalí ya estaba obsesionado por Gala y la amistad no se reanudó.


En los años de contacto con Dalí, revivió Lorca su pasión por la pintura, sobre todo por el dibujo. Siguió pintando a lo largo de su vida, ilustrando sus poemas y libros, y dedicando dibujos a sus amistades.


Un tema de su predilección fue el de los marineros. Lorca consideraba a los marineros como símbolos de libertad sexual, de amor y de pasión.


En julio de 1928, salió finalmente el libro más esperado de su tiempo: Romancero gitano. Está compuesto por 18 romances con temas relacionados con los grandes símbolos lorquianos como la noche, la muerte, el cielo, la luna. Todos tratan de la cultura y el mundo de los gitanos. Entre ellos “Preciosa y el aire”, la “Muerte de Antoñito el Camborio” y “La casada infiel”.


 Fernando de los Ríos, maestro y consejero de Lorca, preparaba un viaje a Estados Unidos donde iba a dar unas conferencias en la universidad de Columbia  y convenció a Federico para que lo acompañase. El ilustre profesor de Derecho pensaba que ya era hora de que el joven poeta viajara y tomara contacto con el extranjero. Federico aceptó la idea, como un remedio a sus crisis sentimentales. Partió hacia Nueva York en junio de 1929.


Allí el poeta visitó los lugares frecuentados por los negros, en cuya música y situación social descubría una gran afinidad con los gitanos.   Nueva York le provocó una reacción de casi frenética y lúcida locura.    Poeta en Nueva York, el libro de poemas fruto de su experiencia en la gran urbe, no se publicaría hasta 1940, cuatro años después de su muerte.


Desde Nueva York, en marzo de 1930, Lorca viajó a Cuba para dar unas conferencias y recitales.  La isla  había seguido muy de cerca el éxito de Lorca y su Romancero era bien conocido en todo el país, hasta tal punto que se había difundido el rumor de que el poeta era gitano.

 


En Cuba escribió buena parte de una de sus obras más ambiciosas: El público, una pieza  de teatro revolucionaria, que explora la libertad del amor en todas sus  manifestaciones, sobre todo la homosexual.   La obra se representó por primera vez en 1978, en Puerto Rico.


Los tres meses de su estadía en Cuba fueron muy productivos.Cuando el 12 de junio, Federico zarpaba de regreso a España, le confesaría a sus íntimos que en Cuba había pasado los mejores tres meses de su vida.
De regreso en Madrid,  después de año y medio fuera, quería llevar al teatro sus nuevos logros, en especial  Amor de don Perlimplín con Belisa en el jardín. Fruto de su atractivo por las marionetas, es una breve obra maestra sobre la impotencia sexual.


Con la catalana Margarita Xirgu, la mejor actriz de teatro del momento,  acordaron que en diciembre se montaría La zapatera prodigiosa, obra llena del lenguaje telúrico de las mujeres del campo de Granada. El éxito de la representación  animó a Federico a continuar escribiendo para el teatro.
Pero corrían aires turbulentos en España.  El domingo 12 de abril de 1931, los españoles fueron a las urnas para elegir entre monarquía o república. El voto fue mayoritario a favor de la república. Y  antes de que se declararan oficialmente los resultados, el rey Alfonso XIII decidió dimitir.   La separación de Iglesia y Estado, propugnada por la República, empezó a ser considerada abiertamente anticlerical y ese anticlericalismo comenzó a ser una de las marcas del nuevo régimen.


El gobierno de la República nombró a Lorca como Director Artístico del nuevo Teatro Universitario que tendría su barraca en Madrid.  De ahí el nombre con que fue identificado el proyecto: La Barraca.   Se trataba de un grupo de universitarios y universitarias que llevó, durante cuatro años,  el teatro popular por toda la geografía de los pueblos de España, en muchos de los cuales no se había visto jamás una representación teatral. 


El extraordinario dominio del espacio escénico de Lorca, tanto como actor, director y productor, causó la admiración de todos. Dos años después de iniciar las representaciones con La Barraca, finalmente decidió estrenar Bodas de sangre, obra montada sobre la base de una historia de crimen pasional,  que el poeta había leído en los periódicos.   El público esperaba con gran expectativa.   El estreno, el 8 de marzo de 1933,  ante la crema intelectual de Madrid, fue un éxito rotundo y colocó a Federico a la cabeza de la producción teatral del momento. Al estreno de Madrid siguieron los de Barcelona, Buenos Aires, Montevideo, México y otras ciudades del mundo hispano.


 Con el arrollador  éxito de Bodas de sangre en Buenos Aires,  llegó también la invitación a dar unas charlas en la Argentina.   Anunciada por los periódicos desde los primeros días del mes, su llegada a Buenos Aires el 13 de octubre fue tan apoteósica que Neruda, que se encontraba allí, llegó a declarar después que había sido testigo, en la ciudad del Plata, de "la más grande muestra de admiración que jamás había recibido un escritor de nuestra raza."


Lorca pronunció el 20 de octubre su genial charla "Juego y teoría del duende ", y el 25 la actriz argentina Lola Membrives volvió a presentar Bodas de sangre, que fue constantemente interrumpida por las ovaciones entusiastas del público y que continuó llenando el teatro por varios meses.  El 1º de diciembre se estrenó La zapatera prodigiosa que siguió produciéndole admiradores y dinero.


A partir de ahí se independizó económicamente de sus padres.
Lorca dejó Buenos Aires el 27 de marzo de 1934, llevándose la adulación de Neruda y  de otros escritores, así como el desprecio incondicional de Borges que pensaba que Lorca estaba siempre actuando diferentes papeles.   Tras este viaje, el joven dramaturgo se dio cuenta de que su obra podía interesar a un vasto público fuera de España y de que podía hacer carrera en el teatro.


Ya de regreso a Madrid arreciaron los ataques de la extrema derecha contra La Barraca, a la que llamaban "tropa de homosexuales que pervertía a los campesinos de España."    En Granada, el poeta terminó Yerma en el mes de agosto, la cual se montaría en el Teatro Español en diciembre. La obra fue atacada por la prensa de derecha como "inmoral" y "pornográfica".   El estreno estuvo marcado por las protestas de unos cuantos fascistas que no cesaban de gritarle a la Xirgu: "¡Lesbiana!"  y a Lorca: "¡Marica!"    A pesar de ello, al terminar la representación, el teatro se venía abajo.    Fue una auténtica apoteosis, el entusiasmo del público. La obra estuvo en cartelera cuatro meses.


Tal fue su impacto que, poco después del estreno, le llegó a Margarita Xirgu una curiosa petición de los compañeros artistas que se hallaban trabajando en los diferentes teatros de Madrid, a las mismas horas en que se representaba "Yerma", para que les diera la oportunidad de asistir a la obra.  Así, a las dos de la madrugada, se celebró en el Teatro Español de Madrid una función especial de "Yerma". El teatro se llenó de actores, actrices, autores, escritores, críticos, entre otra gente del mundo de la farándula. Al subir el telón estalló una gran ovación, que fue prolongándose durante toda la representación.


A primeros de noviembre de 1934, Federico realizó la primera lectura en Madrid, del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías". Es, tal vez, la obra más perfecta de Lorca. Se trata de una emocionada elegía, una de las más hermosas de la literatura española, sobre el torero, amigo y escritor, Ignacio Sánchez Mejías, muerto en la plaza de toros de Manzanares, Ciudad Real, por una cornada del toro Granadino.   La elegía, dividida en cuatro partes, describe las cuatro etapas del dolor ante la muerte de un ser querido.


La vida política seguía agitando a España. El 16 de febrero de 1936, aliados a otros partidos de izquierda, los republicanos obtuvieron una aplastante victoria. La coalición, llamada Frente Popular, liberó a todos los presos políticos, prometió subir el sueldo de los trabajadores y maestros, y comenzar de inmediato la reforma agraria.


Consciente de la situación, Lorca anunció que estaba escribiendo una nueva obra de tema socio-económico.   Reconoció haber entendido que el hambre no permitía que el hombre pensara.   Se identifica con los que sufren y no pueden hablar de su tragedia.   “Yo en este mundo siempre soy y seré partidario de los pobres.”,  declaró en una entrevista.  A su vez reveló que pronto acabaría una nueva obra titulada La casa de Bernarda Alba,  sobre el despótico poder de una viuda que oprimía a sus hijas.   Cuando terminó de escribir las últimas escenas de Bernarda, el 19 de junio de 1936,   el clima político era exageradamente tenso por todo el país.


El 12 de julio, los fascistas asesinaron al teniente José Castillo, declarado militar antifascista. En represalia, en la madrugada del día siguiente, apareció asesinado Calvo Sotelo, líder de la extrema derecha. Las comitivas que asistieron a los dos entierros, al día siguiente, una con el puño izquierdo en alto, cantando La Internacional, la otra con el brazo derecho extendido hacia lo alto y cantando el Cara al sol,  indicaban claramente lo que iba a pasar en España en los tres años siguientes.


El golpe militar era inminente, por lo que todos le aconsejaron a Federico que se quedara en el Madrid republicano,   pero el poeta decidió irse a Granada con sus padres,  allí donde habían tomado el poder los “nacionales”, la derecha.  Tras la  recomendación de los amigos, Federico se fue a la casa del poeta Luis Rosales, miembro de la Falange.    Cuando el 15 de agosto sus enemigos se dieron a la busqueda intensa del poeta, le recomendaron que se refugiara en la casa de Manuel de Falla, en donde nadie le molestaría.


Pero ya era demasiado tarde;  el 16 acordonaron la casa de los Rosales, y por la tarde, un ex miembro del Parlamento,  Ramón Ruiz Alonso,  fanático de la derecha reaccionaria y católica, lleno de un gran odio y resentimiento hacia la República”,   llegó buscando, decía, al "maricón de la pajarita".  La acusación indicaba que era un escritor subversivo y que era homosexual.  De nada sirvieron los contactos de los Rosales ni la búsqueda desesperada de Falla que lloró desconsoladamente la muerte de su joven amigo.


 La noche del 18 de agosto de 1936,  en un edificio del pueblo de Víznar,  llamado La Colonia,   que la República había creado para el veraneo de los niños pobres de Granada,   Federico, un maestro y dos toreros anarquistas,  esperaban su ejecución.   En la madrugada, conducidos junto al manantial de un paraje que los árabes llamaron "Fuente de las lágrimas,"   el genio de García Lorca fue silenciado para siempre, a los 38 años de edad, dejando inédita e inconclusa una numerosa obra.


Sobre los motivos de su muerte, las últimas investigaciones señalan que, además de la acusación de ser republicano y homosexual,   fue fusilado  seguramente también por cuestiones personales de celos y envidias,   y territoriales, ya que algunos caciques  de Granada, muy conservadores,   tenían rencor al padre de Lorca porque era un cacique progresista.   Federico había declarado a un diario local  que   «en Granada se agita la peor burguesía de España», y eso fue quizás su sentencia de muerte.
En cuanto a los restos del poeta, continúa el misterio.

 Después de una gran expectativa, no se ha encontrado "Ni un solo hueso. Ni una esquirla, por pequeña que fuera"   declaró hace dos años el jefe de las excavaciones del paraje de Alfacar (Granada)   donde se creía que yacían los restos del poeta.   Tras dos meses de búsqueda, 73 años de espera, y 70.000 euros de inversión,   todo lo que encontraron fue una enorme roca.   Los familiares de Lorca se habían negado siempre a la búsqueda de los restos.  Ahora, también la Junta de Andalucía asegura que el Gobierno no tiene ninguna intención de seguir buscándolos.


 El poeta español más célebre seguirá siendo también el desaparecido español más célebre, pero sus poemas, su teatro, sus imágenes y sus personajes   seguirán hablando,  para siempre,   del genio indiscutible de Federico García Lorca.