Perdemos a Carlos Otero
Julio 2004

Carlos Otero falleció en su ciudad natal de Guadalajara,
Méjico,
hace unos días, después de una larga batalla de ocho años
contra el cáncer.
Quizás para la gente joven de la Casa De España,
ese nombre no sea conocido.
Entró en la Junta directiva cuando yo cogí la presidencia, allá por
el año
1988.
Continuó en ella por mucho tiempo, fundamentalmente como Tesorero, Vice-
Tesorero y vocal. Trabajaba para la Minie-Piper Foundation, y llegó a
ser
el
Director de la fundación, cargo que ejerció hasta hace poco,
cuando ya las
fuerzas le fallaron.
La ayuda de Carlos durante su servicio en la Junta fue tremendamente
importante.
Era un hombre muy organizado, los números eran su fuerte. En una
época donde apenas se utilizaban los ordenadores, llevaba todas las cuentas,
todas las estadísticas a rajatabla. Tenía muy buenas conexiones
con gente
prominente de San Antonio, que nos ayudaron mucho. Siempre fue muy generoso
con su tiempo, y en ofrecer las facilidades de la fundación para hacer
ciertas funciones.
Pero para mí lo más importante de Carlos no fue
su eficiencia, sus
conexiones o su dedicación. Carlos fue un gran amigo, una persona con
la
que
se podía hablar, discutir tranquilamente, hacer planes, explorar nuevas
ideas, soñar en el futuro. Le gustaba la buena comida, el buen vino,
la
conversación, el intercambio de pensamientos. Siempre busqué su
consejo,
su
sentido común para tomar buenas decisiones. Siempre admiré su
entusiasmo,
su
deseo de ayudar, de hacer la Casa de España una institución de
prominencia
en San Antonio.
Estaba constantemente buscando iniciativas, contactos que nos
ayudasen.
Estuve involucrado en parte en su tratamiento, algo que siempre quiso que
no se divulgase. Cuando le vi como paciente, le habían dado seis meses
de
vida. Su espíritu de lucha, su deseo de vivir, de seguir ayudando, de
no
sentirse marginado, le mantuvieron haciendo una vida casi normal por unos
ocho años. A pesar de lo que llevaba en su cuerpo, siguió por
muchos años
tan activo como siempre en su trabajo y en su ayuda a nuestra organización.
Carlos dio un gran ejemplo de valentía, de determinación, de
generosidad,
de
lo que debe ser el espíritu humano.
Descanse en paz.
-Joaquín G. Mira